MI LIBRO "MIS VIAJES POR TERRANOSTRA". CAPÍTULO 4.

Guten morgen, Divina pareja. Hoy, haciendo honor a que habéis ascendido a la escala de poder número 15 del monje alemán 1640,filósofo y médico, político, escritor, poeta, matemático, científico y
cirujano plástico de prótesis mamarias, Anton Cedrik Hermann Dusendorf, más conocido como A. C. H. Dusendorf o simplemente Dusendorf. Nacido en 1618, hijo de Franz Cedrik Bartolomé Dusendorf y de Greta Thumberdunfdarf.
Y bueno como no tengo nada mejor que hacer hoy.
Y ESO ES VERDAD.
¡Cállate pija! Pesada. En fin... Hoy os presento el capítulo número cuatro del libro que escribí hace doce millones de años pero aun así le tengo cariño. Por eso os lo presento. Si no, no os lo presentaría.
CAPÍTULO 4: LA HABITACIÓN
Abrí
los ojos lentamente. Todo estaba turbio pero pude adivinar que me encontraba en
la habitación de un frío hospital. Llevaba una sonda nasogástrica y a mi
alrededor tenía varias máquinas que no paraban de pitar. El monitor que estaba
más alto registraba mi frecuencia cardíaca que parecía lenta, pues había una
eternidad entre latido y latido. Al lado mía se encontraba un médico, pues
llevaba bata blanca y del cuello le colgaba un estetoscopio. Me sentía muy
débil, apenas mis fuerzas llegaban para decir esas cinco horribles palabras:
-¿Todo
ha sido un sueño?
-¿Eh?
¡Olivia, el paciente ha despertado!- gritó el médico al escucharme. Salió
corriendo de la habitación. Se le notaba el nerviosismo en la cara, parecía que
tuviese puestas pocas esperanzas en mí.
Al
poco entró Olivia. Debía ser la enfermera a la que llamaba mi doctor minutos
antes. Traía en sus manos una jeringuilla con algún medicamento que me volvería
a dormir de nuevo. Pedí hacia mis adentros, con las pocas fuerzas que me quedaban,
que no fuera de aquello que mi jefe había tomado y que lo había dejado
pajarito.
Cuando
el cuarto se quedó a oscuras y todo estaba en completo silencio, empecé a
quedarme dormido de nuevo. De repente se oyó un ruido. Después una luz cegadora
bañó la habitación. Todo tembló, sonaban crujidos. La habitación brilló con más
intensidad. Sonaban gritos y lamentos. Hasta… silencio… Completo y absoluto
silencio…
La
puerta de la habitación se abrió y un ser extraño entró que no se parecía en
nada ni a una enfermera ni a un médico.
Era
alto y erguido. Tenía una cara ovalada y púrpura. Poseía brazos fuertes y
holgados. Sus ojos eran como dos perlas enormes y en el centro brillaban como
un fuego ardiente. Era celeste, excepto la cabeza. Poseía unos labios finos pero
su boca le llegaba de oreja a oreja porque no paraba de sonreír.
-Hola,
John. Soy Sótiras. He venido a salvarte.-me dijo sin más presentaciones.
-¿Para
salvarme?¿Para salvarme de qué?-le pregunté aturdido.
-Sí,
mi padre Oganeís rey de Mégalon, me llamó para venir a buscarte. Toda
Terranostra sabe de tu existencia. Él es el único que piensa que puedes serle
de alguna utilidad, y yo pienso lo mismo. Así que me dijo: «Sótiras, llévate a
tu escudero, Endri de Ehiathor, y busca a ese Skavengött» y eso hice. Te busqué
por toda Terranostra pero no te encontré, por suerte te seguí la pista por la
Tierra y bueno ¡te encontré aquí!
-Entonces…¿No
ha sido un sueño? Mejor dicho, ¿No ha sido una horrible pesadilla?
-Que
sueño ni que nada- Exclamó Sótiras- No digas tonterías, y levántate ya, que
Endri nos está esperando. ¡Un sueño! ni que estuviéramos en una historia de
Ehiathor.- Murmuró.
Me levanté como pude. Me quité todos los cables, sondas y demás
trastos que me mantenían atados a esa cama, a la que había llegado sin saber
cómo. Me dolían las sienes y mi cabeza me punzaba como si me hubieran clavado
una espada ardiente. Andaba a trompicones. Seguí a Sótiras. El hospital estaba
totalmente desierto, cosa que me resultó terriblemente extraña. Era como si
todo el edificio se hubiera paralizado. Bajamos por las escaleras. Y al
salir a la calle nos encontramos a Endri. Parecía joven, entre doce o trece
años. Era moreno, apuesto y su labio superior poseía una débil pelusilla que
pronto se convertiría en un prominente bigote.
-¿Éste
es el Skavengött por el que hemos venido a la Tierra?- dijo Endri con desprecio
y mirándome de arriba abajo.
«La
verdad que no es mi mejor momento ni de lejos», pensé.
-Sí,
es él-contestó Sótiras con prisas.
Y
de nuevo esa sensación en mis sienes. Punzadas en mi cabeza. Y todo a mi
alrededor oscuro y cegador.
Y de repente caí…
Un gran vacío…
Una luz cegadora…
Una pared impenetrable…
Un sopor… un gran sopor…
Y
nos llevó a Terranostra, al reino de Mégalon.
Bueno Divina Pareja, esto ha sido todo por hoy y espero que os halla gustado mucho, que sé que no.
Recordad, os deseo buena suerte y fortuna a vosotros Divina pareja y, Gute Nacht.
Recordad, os deseo buena suerte y fortuna a vosotros Divina pareja y, Gute Nacht.
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